Julio 2, 2009

Muchísima ilusión

Hace unos días Francisco José Suñer Iglesias, el mismísimo administrador de Sitio de Ciencia Ficcion (ciencia-ficcion.com), se puso en contacto conmigo para decirme que había leído mi reseña sobre ‘Cuentos Completos IV’, un volumen de relatos de Philip K. Dick, y me pedía permiso para publicarla allí. Es casi un bucle: yo que he sido lector de esa web, descubriendo Laberinto de Muerte (novela del propio Dick), John Brunner, Joe Haldeman, Roger Zelazny y algunos más; ahora he contribuido casi involuntariamente a esa fuente de sabiduría.

He escrito en medios que con toda seguridad, son más leídos que ciencia-ficcion.com. Pero que aparezca mi nombre ahí, después de tantos años leyéndoles y aprendiendo de ellos, me hace realmente muchísima ilusión.

La prueba, aquí.

Junio 30, 2009

Porque Messi no encaja aquí

Campaña de captación de socios del Real Valladolid 2009/10, protagonizada por Leo Harlem (gracias, Jaime).

Junio 30, 2009

No lo sé

Las cosas de cada día. La gente. Los quehaceres. Holaquetal. Yamismoterminoeso. Y por un momento, paro y pienso. Pienso en esto, en aquello. En mí mismo. Y me contesto: no lo sé.
No sé cuándo voy a acabar la carrera. El año que viene, o el otro, o el otro.
No sé si mi madre se curará dentro de dos semanas, o dentro de otros cinco años, o nunca. No lo sé.
No sé por cuánto tiempo más estaré solo. Si quiero estar solo. O si quiero no estarlo. No sé si, a las dos de la mañana, continuaré dando cabezazos en la almohada acordándome de personas que hace un año y ocho meses que ya no sé absolutamente nada de ellas. También del sexo opuesto. Sobre todo del sexo opuesto.
No sé dónde quiero trabajar ni de qué quiero trabajar. No sé si me quiero quedar trabajando en la universidad, o irme a una consultoría. Uno me dice que en la universidad desperdiciaría mi talento. Otro me dice que en una consultaría desperdiciaría mi talento. Entonces voy a mi cuarto, que tengo tres o cuatro frases imprescindibles colgadas en la pared para leerlas de vez en cuando. Una de ellas es No estás en este mundo para cumplir las expectativas de los demás. Aun así, no lo sé.
No sé si seguiré escribiendo, si publicaré algo en papel, si me cansaré, si diré: ‘A currar, que es lo mío’. Y no escribiré. Y reflexionaré las cosas de otro modo a como las hago ahora. Veré los partidos del Sevilla acompañado de los mismos, y lo máximo que alguien sacará de mí en una conversación será que, efectivamente, necesitamos un nuevo lateral derecho. Y cuando me pregunten cómo me va, algo personal, mi vida, diré: ‘Bien, tirando, como siempre’. O no. No lo sé.
No sé si soy una mala persona o un tío estupendo. Si creo en lo que hago o si hago aquello en lo que creo. No lo sé.

Junio 19, 2009

Si el mundo fuera justo…

Es difícil encontrar una foto suya en la que no salga sonriendo

… los medios de comunicación anunciarían, con infinito respeto y admiración, el fallecimiento de Don Vicente Ferrer, ex-jesuita residente en la India desde 1952. Este barcelonés, que ha vivido una guerra civil, un ingreso en un campo de concentración, y cuarenta años de servicio incondicional, ha sido una suerte de Teresa de Calcuta masculino.

Pero para los medios de comunicación éste no es el héroe, sino un portugués que ha costado el mismo dinero con el que este hombre habría creado varios hospitales y colegios.

Uno de mis sueños de adolescente era pasar un verano realizando alguna actividad en su fundación.

Así a ojo, Vicente Ferrer ha influido positivamente en la vida de cientos de miles de hindúes. Si el mundo fuera justo, la sociedad nos empujaría a que nos pareciéramos a él en una centésima parte. Descanse en paz.

Fuente | El Mundo

Junio 16, 2009

Los mejores consejos que he recibido para la época de exámenes

· Estúdiate cada tema como si fuera a entrar.

· No seas duro contigo mismo; no actúes contigo mismo de la misma forma que los aficionados con un futbolista: si lo hace bien, se le aplaude y se le grita su nombre; si lo hace mal, se le silba y se insulta. No te elogies demasiado si apruebas; no te machaques si suspendes.

· Haz todo lo que puedas, y quédate tranquilo. Lo normal es que si quitas las horas de dormir, las de aseo, ducha, comidas, etc. te queden no más 3-5 horas para estudiar. Aprovecha esas horas. Y después de esas horas, relájate, porque no hay más.

· Un día, un hombre de campo vino muy preocupado, diciendo que tenía hasta pesadillas con la idea de que tenía que llevar su coche a la ITV. Cuando le pregunté por qué tenía tanto miedo, dijo: “Es que, si rechazan el coche, es como si me estuvieran rechazando a “. Absurdo, ¿verdad? Pues igual de absurdo es que te derrumbes si no apruebas un examen sobre lenguajes de programación que no tienen nada que ver contigo. No te tomes un suspenso tan a pecho.

· Te presionas porque no sacas las notas que deberías. Te exiges. Pero piensa una cosa: podrías estar estudiando Ingeniería Informática, trabajando los fines de semana y además estar sacándote Medicina a la vez. Y también podrías estar sacándote Ingeniería Informática con matrícula, trabajando los fines de semana y sacándote Medicina con matrícula. Si nos ponemos así…

· No temas ser del montón. Si la media de acabar la carrera está en 7 años, y tú por una circunstancia o en otra no vas a acabar antes de la media y crees que has hecho lo que has podido, celébralo.

· Repito: estúdiate cada tema como si fuera a entrar. Y quédate tranquilo.

La mayoría de estas frases me las dijo D. Ignacio Guajardo-Fajardo Ybarra, psiquiatra y amigo de la familia, hace ya un tiempo. Aún hoy me las sigo repitiendo con frecuencia.

Junio 8, 2009

Cómo sería… ‘El principito’, adaptado al cine por Paul Greengrass

Cámara aérea. Letrero: “Sahara”. Un aviador comunica con la central. “Efe-siete-cuatro-jota-cinco-bravo-ocho, tengo una avería. Permiso para aterrizar. Repito. Permiso para aterrizar.”

Plano de la central con miles de pantallas, doscientos generales con mil medallas colgadas de la chaqueta y diecisiete imágenes de radar. Todo ello en ocho segundos.

Cámara al hombro. El aviador aterriza forzosamente. Sale herido del avión.

Cámara aérea con planos de las dunas, el sol, las dunas, el sol (se enfocaría también a la multitud, pero es un desierto y no hay un alma).

Intenta comunicarse con la central. Plano de la central: “Hemos perdido al comandante Saint-Exúpery”. El general dice: “Joder”. El otro general contesta: “Mierda”. Gente corriendo, trabajando. Radares. Pantallas. El tercer general dice: “Habla con Wilkins. Dile que estamos jodidos”.

Letrero: “Sahara”. El aviador anda lentamente por el desierto, y dice: “Maldición”. Cámara al hombro.

El aviador se encuentra con un pequeño príncipe. Saca su pistola. El pequeño príncipe saca también su pistola. Ambos se refugian tras unas dunas. Veinte planos en dos segundos. Cámara al hombro.

Un baobab crece debajo del principito y le hace estar a una altura de veinte metros. Tiene al aviador a tiro. La música de John Powell saca a relucir tambores y ritmos frenéticos.

El principito dispara al aviador. Cámara al hombro, acercándose rápidamente al aviador.

El principito baja del baobab, en planos cortos, se acerca al aviador y dice: “Los adultos sois tan tontos… Lo esencial es invisible a los ojos”. Y le vuelve a disparar. Saca su walkie-talkie, y dice: “Teniente, el aviador ha sido domesticado”. Fundido en negro. Mensaje: “Actualmente el Principito se dedica a hacer guías de viajes sobre los planetas que visita, y está felizmente casado con la rosa”. Otro mensaje: “Los esfuerzos de la CIA, el FBI y la Interpol por encontrar al aviador Saint-Exúpery fueron en vano. A día de hoy, el caso está archivado en Langley, Virginia”.

Créditos con música estruendosa de John Powell.

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Paul Greengrass
(1955) es un director de cine y guionista británico. Saltó a la fama con ‘Domingo Sangriento’ (2002). Seguidamente fue responsable de la saga de Jason Bourne (’El caso Bourne’ y ‘El Ultimátum de Bourne’). Tiene una nominación al Oscar al mejor director por ‘United 93′, drama sobre el 11-S.

‘El principito’ (1943) es un relato corto del escritor francés Antoine de Saint-Exúpery. Hasta el momento ha vendido más de 80 millones de copias y está traducido a más de 180 idiomas. Un aviador perdido se encuentra con un pequeño príncipe, que le cuenta historias de viajes interplanetarios bajo un punto de vista infantil.

Junio 5, 2009

El del equipo visitante

El domingo pasado tuve la oportunidad de ir a un estadio de fútbol a ver un partido de Primera División. No es la primera vez que lo hago: al Ramón Sánchez Pizjuán he ido unas 100 veces en mi vida.

Pero lo del domingo era especial. Iba a un campo de fútbol a animar al equipo visitante. El partido era Betis-Valladolid.

Ya he comentado en más de una ocasión mi afición por el Real Valladolid desde la lejanía. Pocos me entienden, pero soy de dos equipos: del Sevilla y del Valladolid. Desde pequeño me recuerdo queriendo que ganasen los dos, y la esquizofrenia que me provoca que los dos se enfrenten dos veces al año (generalmente deseo que gane el que más lo necesite de los dos).

El Betis-Valladolid era un partido muy especial. Se decía que el que perdiese el encuentro, descendería a Segunda División. Por ser sevillista, generalmente se tiende a pensar que uno ha de ser por ende antibético. Pero lo cierto es que no deseaba que ninguno de los dos bajara. Esperaba que algún otro resultado de fuera favoreciese que tanto Betis como Valladolid mantuviesen la categoría.

Convencí a mi amigo Quique, amigo de toda la vida y bético de toda la vida, para ir a ver juntos el partido. Esperamos el jueves una cola de hora y media para comprar las entradas. A 30 eurazos. Pero sabíamos que iba a merecer la pena la experiencia.

Desde que compré la entrada hasta que se celebró el partido, apenas podía pensar en otra cosa. Mi pregunta era si debía ponerme la camiseta del Valladolid por si esto me traía algún problema. Decidí que lo más prudente era ir de paisano y una vez en el estadio, ponerme la camiseta.

Como iba con Quique, decliné la idea de comprar una entrada en la grada visitante, donde habían venido nada menos que 1.200 aficionados de Pucela. Preferí camuflarme entre la afición del Betis.

Ir a un campo de fútbol a animar al equipo visitante no es ni mejor ni peor que animar al equipo local, simplemente es diferente y te hace disfrutar de experiencias nuevas como:

-Ser el único que grita cuando ataca o marca tu equipo, mientras el resto permanece en riguroso silencio
-Que la gente te mire con curiosidad
-Hacer amigos rápidamente, con los vecinos de asiento que tienden a charlar contigo intercambiando pareceres sobre los equipos
-Disfrutar de la educación y el respeto que normalmente existe ante una situación de este tipo

He de decir que para esto es absolutamente indispensable que los dos equipos no se lleven mal. Si hubiera ido como sevillista, habría sido un suicidio. Pero como Betis y Valladolid no tenían razones para llevarse mal (todo lo contrario; las dos aficiones parecían estar de acuerdo en desearse mutuamente la permanencia), aquello era una fiesta.

La segunda parte fue un horror. La radio anunciaba que el resto de equipos implicados en el descenso tenían resultados positivos y que, efectivamente, el equipo que bajara saldría de Sevilla.

Marcó primero el Valladolid, con gol de Aguirre en el 45. Aplaudí, grité, me levanté del asiento y no me volví loco por respeto a la masa que tenía alrededor. Pero cuando empató el Betis, las dos aficiones estábamos condenadas a sufrir.

El empate a uno valía al Valladolid, pero no al Betis. Por otro lado, si el Betis marcaba, con la victoria se quedaba en Primera haciendo bajar al Valladolid. Entenderán que cada vez que atacaba el Betis, yo no quería ni mirar al frente.

Terminó el partido. El Betis descendió. La grada de Pucela gritó “Betis, Betis”, y la afición local aplaudió al Valladolid, felicitándole por permanecer.

Tras salir del campo, más de un aficionado bético se acercó a mí para felicitarme por la permanencia. Todo cargado de buen rollo dentro de la tragedia que le supone al beticismo ir a la categoría de plata, en una atmósfera de futuro incierto y lopera-vete-ya-ísmo.

El pasado domingo me alegré de ser del Real Valladolid. Otro año en la élite.

Algunas fotos de la experiencia:

Este era el ambientazo que se vivía en el Benito Villamarín (yo prefiero llamarlo así). Obsérvese en la esquina superior izquierda la grada de los aficionados del Valladolid, teñida de violeta.

Ahí nos tienen: uno de cada equipo. Amigos de siempre, en asientos contiguos, compartiendo agua, pipas y panchitos. Si existiera aún ‘Lo que el ojo no ve‘, la sección del mejor programa deportivo español de la historia, seguro que habríamos salido en TV. Seguro. Nótese que los auriculares eran indispensables para seguir la evolución de nuestros equipos.

PD: El año pasado ya fui a ver un Betis-Valladolid, al estadio Olímpico. Fui con mi padre (yo llevé la camiseta y él la bufanda), y aunque la experiencia también fue muy bonita, los equipos apenas se jugaban nada.

PD2: A veces me pregunto si mi padre, mi hermano y yo somos las únicas tres personas en el mundo que somos sevillistas y pucelanos.

Mayo 21, 2009

Testing y usabilidad web

En los últimos meses estoy enfrascado en un campo de la informática que me interesa especialmente, a raíz de mi experiencia en Imaginática 2009. Se trata del beta-testing y la usabilidad web. Esto ha propiciado mi progresivo retiro del mundo 2.0 (a excepción de este blog).

En la actualidad, estoy realizando mi proyecto de fin de carrera sobre esta materia, y colaborando con Indevia en un proyecto de eLearning haciendo ídem de lo mismo.

Como muchos de ustedes me preguntan en qué ando ahora, y cada vez que intento explicar mi labor actual, la pereza me invade al comprobar que es un concepto más abstracto de lo que parece, lo ilustraré aquí de una forma muy gráfica y sencilla:

TESTING

ristomejide

Sin ánimo de desmoralizar tanto como Risto Mejide, pero el tester de un proyecto web es el encargado de descubrir/revelar/informar de errores y defectos que pudieron pasar inadvertidos para los miembros del equipo de desarrollo. Debe saber leer un código con soltura, sin importar que desconozca el lenguaje en el que está escrito (eso es lo de menos). Lo que sí ha de conocer con fluidez es el funcionamiento de bucles (while-for) y estructuras condicionales (if-else) porque suelen ser los lugares donde aparecen más errores.

El tester es un médico de páginas/aplicaciones web 1. Localiza los síntomas, receta medicamentos y decide si hay que hacer cirugía. Comprueba, por ejemplo, que se eviten cosas como ésta:

error

Una de las tareas del testing es hacer ensayos para ver que la página no se “cuelga” si se meten 1000 personas a la vez para hacer exactamente lo mismo. Hay quien, como Glenford J. Myers, que lo considera un arte. En ello estamos.

USABILIDAD

Mejor que definir lo que es la usabilidad, pongamos ejemplos de lo que es y no es usabilidad.

· Emplear 5 minutos de tu valioso tiempo intentando cambiar el nombre de tu álbum de fotos, NO ES usabilidad.

· Que para meterte en tu cuenta le des a “Iniciar Sesión”, y para salir a “Cerrar sesión”, NO ES usabilidad (el antónimo de “iniciar” no es “cerrar”).

· Que le des a “Amigos” y salga una opción para buscar amigos, en vez de tu lista de amigos (que seguro que era lo que querías), NO ES usabilidad.

· Que en tus amigos con actualizaciones recientes, salga 2 veces el número de comentarios nuevos que tienen en su tablón (uno en verde y otro normal), NO ES usabilidad.

· Que bajo el aspecto aparentemente limpio, necesites un buen rato para saber qué puede hacer exactamente Tuenti por ti, NO ES usabilidad.

· Que sea una tarea de héroes buscar de forma sencilla las estadísticas de un jugador esta temporada, el famoso cuadrante de altas y bajas del verano, o los últimos resultados de la selección española, NO ES usabilidad.

· Que sea absolutamente imposible sacarse un billete de tren ida y vuelta Sevilla-Valladolid con escala en Madrid en un servicio web que probablemente ha costado millones de euros, NO ES NI MUCHO MENOS usabilidad.

Ir a www.google.es, a la pestaña imágenes, escribir “Olivia Wilde”, darle a enter, y encontrar esta memorable imagen con sólo tres clicks y un gasto de tiempo mínimo, ES usabilidad.

Así que ya saben, el autor de este blog está investigando de forma incesante en este bonito e infravalorado terreno de la ingeniería del software.

Gracias a Wilsoke y Enreas por sus aportaciones.

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1 Pressman, en Ingeniería del Software: un enfoque práctico (5ª edición).

Mayo 14, 2009

Hoy es un día grande

Quizás no lo sepan, pero cuando van, cada mañana, a su trabajo, su oficina, o a sus menesteres, conviven con al menos un devoto de una religión que nada tiene que ver con el catolicismo o el islamismo. Todos ellos, sin excepción, se han convertido a partir del día 22 de septiembre de 2004 en adelante.

Esa religión se llama Lost. Para convertirse a ella sólo hay que dejarse convencer por ese amigo/compañero/conocido que alguna vez nos ha dicho: “Oye, te voy a pasar una serie que se llama Perdidos, que ya verás, te va a encantar”. A todos nos ha pasado (en mi caso, fue este señor). Entonces, desde el más profundo escepticismo, uno tiene un proceso puramente ascético, que deambula entre el esfuerzo racional y la fe ciega.

Sí, estamos hablando de una serie de televisión. Pero también de un reto para nuestros cerebros. Dijo Abel Antón, célebre corredor de maratones, que hay un momento en la carrera en la que el cuerpo te pide dejarlo. Dejarlo ya. Con Lost pasa igual. A día de hoy, son más de cien capítulos los que tenemos disponibles por la red, para verlos cuantas veces queramos. Y es un camino tortuoso. Porque ver Lost es buscar la armonía con un argumento intrincadísimo, con multitud de personajes con los que hemos de empatizar a la fuerza, disfrutar de la intensa y acertada música de Michael Giacchino, y con unos cambios de concepto y de ritmo que sólo un guionista genial puede crear. Como digo, no crean que es fácil. Para seguir Lost, uno ha de tragar con multitud de incoherencias y resignarse a ser un espectador permanentemente desorientado (no es casualidad el título de la serie). Dice Henrique Lage, hablando sobre los últimos capítulos: “Yo ya no sé quién es supervillano y quien no en esta serie. A mí me gusta pensar que solo son gente bien y mal informada.” Para que se hagan una idea.

Lost es una religión, repito. Mi padre y yo la profesamos. Mi hermana se está iniciando. Y no exagero si digo que Lost me ha acercado a mi padre. Cada vez que le envío un enlace de Megaupload con el último capítulo subtitulado recién sacado del horno. Cada vez que me pregunta algo relativo a la trama, o yo le pregunto a él. Cada vez que hacemos teorías absurdas sobre el futuro de los personajes. Desde hace cuatro años, han sido horas y horas las que hemos dedicado a hablar de Lost. No de forma obsesiva, pero sí muy perseverante.

Si no fuera una religión, no tendría sentido que, jueves tras jueves, los que vemos Lost, encontremos un nuevo sentido en el día: el de sentarse tranquilamente a ver 42 minutos llenos de suspense, misterio, y giros narrativos que requieren la máxima concentración. Dice JoeCricket, un usuario de Menéame, refiriéndose al futuro final de la serie: “Sin Perdidos la vida pierde un poco de esencia, el día que la quiten me sentiré desubicado. Lo digo en serio.”

Esta noche, el que escribe esto verá los dos últimos capítulos de la quinta temporada. Y después de esto, diez meses de sequía espiritual (sí, eso he dicho, sequía espiritual) hasta que llegue la sexta. La semana que viene, cuando mi padre haya visto esos capítulos, seguramente nos sentaremos a hablar de nuestro último encuentro con Dios. Sea Dios J. J. Abrams, Damon Lindelof, Carlton Cuse, Jeremy Davies, Michael Emerson o Terry O’Quinn. Eso nos da igual.

Hoy es un día grande.

Mayo 6, 2009

El esfuerzo, a lo largo de los años

sociales

1997
· Mirar en la Espasa-Calpe de la biblioteca del colegio. Copiar a mano en el cuaderno.
· Pedir a papá permiso para usar su ordenador y copiar lo del cuaderno a un archivo en Word 97.
· Llamar al tío Miguel para que me preste un documental que tiene grabado de National Geographic en VHS sobre Irán y tomar nota mientras lo veo.
· Copiar lo que he tomado nota al ordenador.
· Pedir a Carmen, una amiga de mamá, que trabaja en una agencia de viajes, que busque algún folleto o revistas para conseguir fotos.
· Medir bien los espacios en el archivo de Word para las fotos.
· Estar pendiente del periódico por si pudiera conseguir más información y/o fotos.
· Juntarlo todo e imprimirlo.
· Pegar con cuidado las fotos y encuadernarlo en la copistería del barrio.
(Si papá está ocupado con el ordenador, o se estropea, hacerlo en máquina de escribir o a mano)

2000
· Ponerme con Juan, que no me cae bien pero tiene la última versión de Encarta.
· Copiar lo de la Encarta al Word y corregirlo, poniéndolo “con mis palabras”.
· Pedir a papá, que en su trabajo tiene “Internet”, que me traiga dos o tres páginas imprimidas con información sobre Irán.
· Completar lo de la Encarta con lo que me ha traído papá, que está en inglés y hay que traducirlo un poco.
· Ajustar tamaño de fotos, escanear las que me ha traído papá, e imprimirlo todo.

2009
· Wikipedia
· Google Imágenes y Google Maps
· YouTube: Irán
· Juntarlo todo y mandarlo al correo electrónico del profesor
(Aprovechar el inmenso tiempo restante para mirar mi correo, meterme en el Messenger, mirar el Tuenti y el Facebook y bajarme el último capítulo de Prison Break)

Mayo 4, 2009

¡Muchas felicidades! ;) :D

Tantas palabras y tan poco mensaje

Tantas palabras y tan poco mensaje

El pasado 21 de abril fue mi cumpleaños. Cumplí 23. Dirán que exagero si afirmo que empieza la contrarreloj, sobre todo teniendo en cuenta la de cabos sueltos que tengo que atar.

En mi familia siempre ha habido cultura de cumpleaños. Mis padres siempre nos han vendido (a mis hermanos y a mí), con toda la buena intención del mundo, que el día del cumpleaños debe ser un día especial, en el que tomemos más consciencia de nosotros mismos, nos merezcamos un homenaje, el sol brille como nunca y por consiguiente suene por todas partes I’m walking on sunshine.

A mí no me hace especial ilusión que me feliciten el cumpleaños (al menos, no AHORA). Pero esperaba con ansia este día para hacer un balance en referencia a la profundidad de mis relaciones sociales. Quizá suena cruel que mida algunas de esas relaciones por si se acuerdan de que cumplo años.

No sólo sería cruel, sino que es probablemente absurdo. Mi mejor amigo jamás se acuerda de mi cumpleaños, y sin embargo nunca me lo he tomado ni medio mal. Mi abuelo materno tampoco, y lo asumo porque es un abuelazo. Pero, sin embargo, quería reírme a costa de todos aquellos para los que mi existencia les importa un pimiento, y cuando llega la fecha de felicitar, el compromiso social les hace la faena de auto-obligarse a hacerlo.

Pueden no acordarse de mí en todo el año, y llega el 21 de abril, y aparecen las frases mágicas (no necesariamente en este orden):

1.- Muchas felicidades ;) :D !!!!! (insértense aquí todos los emoticonos y signos de exclamación que quieran)
2.- Estás to perdío (declinación andaluza de “estás muy perdido”)
3.- A ver si nos vemos
4.- Espero que te vaya muy bien/fenomenal/de maravilla/de escándalo
5.- Disfruta de tu día y que te regalen muchas cositas

Ante estas felicitaciones, totalmente estandarizadas e impersonales, tengo una reacción igualmente estandarizada e impersonal:

1.- Muchas gracias.
2.- No, perdido no estoy. Tengo un domicilio fijo, un teléfono fijo, móvil, un correo electrónico y hasta un blog. Otra cosa es que quieras acceder a ellos para que sepas realmente, y sin compromiso, cómo me va.
3.- “¿A ver si nos vemos?” ¡Pero si no nos vemos! ¿Crees que el hecho de que me felicite me va a impulsar a vernos? A mí no. ¿Y a ti?
4.- Claro. De aquí al 21 de abril de 2010 me irá de maravilla, no te preocupes. Si me atropella un camión o me voy a vivir a Vanuatu, no te preocupes, que te terminarás enterando.
5.- Ante esto, no tengo ganas ni de contestar.

Y ahora viene el leit motiv de esta reflexión: desde hace tiempo, tenía pensado darme de baja de Tuenti. No es una decisión de sopetón, lo tenía más que claro. En Imaginática 2009, tuve la oportunidad de charlar durante casi una hora con Ícaro Moyano, responsable de comunicación de Tuenti. Yo le expresé mi postura y él defendía la suya. Y sin problemas.

Pero quería esperar al día de mi cumpleaños para pasar un buen/mal rato viendo cómo muchos que, si me ven por la calle hacen lo posible por no saludarme, o no pasan del hola y adiós, de repente se dejan la vida en cumplir, quedar bien.

Vamos con los datos:

felicitaciones

Así que en total, me felicitaron 95 personas diferentes. ¿Me hace eso caer en la cuenta de que quizás soy un tío popular, que sabe cuidar de las relaciones humanas y debo sentirme agradecido, querido y apreciado? NO. Que sean 95 y no sean 7, lo que seguramente quiere decir es que no soy realmente selectivo con las personas que deben formar parte de mi vida, de mi entorno.

No por nada, sino porque de las 95 felicitaciones que recibí sólo me hicieron ilusión unas 12 o 13. Es decir: mis padres y mis hermanos, que me llamaron para ir a una pizzería a tomar una tarta, mi madrina, una amiga que se tomó la molestia de felicitarme desde Atenas, otro lo mismo pero desde Panamá, mi compañero de piso que lo hizo a las 10 de la mañana cuando todavía no me acordaba ni yo mismo de la fecha que era; y alguna que otra más.

El resto sólo vieron en la agenda de Tuenti que era mi cumpleaños, y lo hicieron por cumplir. Una vez pasada la fecha, la consecuencia directa, fue ésta:

tuenti

Abril 22, 2009

Basil, el ratón superdetective

El héroe intentando superar a Sánchez Dragó en pedanteria presuntamente simpática

El héroe intentando superar a Sánchez Dragó en pedantería presuntamente campechana

Poco más de una hora dura esta obra maestra. SÍ. Obra. Maestra. Hablo de ‘Basil, el ratón superdetective‘, rimbombantísimo título para el original ‘The Great Mouse Detective’ (también pomposo, pero menos, que para eso es la lengua de Shakespeare). Lo fácil que era dejarlo en ‘Basil’, copón. Incluso ‘Basil de la calle Baker’ también habría molado.

Hoy en día estamos pixarizados, cuando no boltados o shrekados y no sabemos valorar lo suficiente una película como ésta, que nos transporta a los que ahora somos veinteañeros o treintañeros a lo que en su momento significaba ver una película de Disney. Porque hablemos claro: de ‘Basil’ no se acuerda ni Dios. Nos interesa más acordarnos de lo buena que estaba Ariel, del morbazo que tenía Bella (sí, la de la Bestia), de lo gracioso que nos resultaba Josema Yuste (Martes, o Trece, quién sabe) cuando fue el Genio de ‘Aladdin’, o de la cancioncilla de Baloo, que era algo así como el Bob Marley de la selva hindú.

El caso es que ‘Basil’ es una joyita realmente atípica de la factoría de ese que dicen que está congelado. Oscura, políticamente incorrecta, y lo más importante de todo: vacía. Sólo busca entretener. En ‘Basil’ no hay humor blanco, sino negro. No hay moralina. No hay apenas canciones, salvo la del villano. No hay respiro. Es más bien un thriller deshumanizado, en el que el único factor aparentemente infantil es el de cambiar personas por ratones/perros/gatos.

Y es un claro homenaje a Sherlock Holmes. El propio Sherlock, el doctor Watson, el profesor Moriarty y la reina Victoria tienen su homólogo en Basil, Dawson, Ratigan y la reina ratona. Ay, Ratigan. Ya tardaba en nombrarlo. ¿Les he dicho que es mi villano de Disney preferido? Y les diré por qué. Porque es una rata de alcantarilla. Y porque da miedo. El que lo haya visto con siete u ocho años y no le haya asustado, los tenía/tiene de acero. Y de mayor quiero ser como él.

Ratigan asusta, por varios motivos, todos inesperados en una película de Disney para pasar el rato: no duda en matar a sus propios subordinados si éstos le tocan las narices; tiene un gata ejecutora; tiene una transformación final, guiada por sus instintos cuando realmente está enfadado con Basil, que es sencillamente terrorífica. Y su voz (original, claro) es del gran Vincent Price.

‘Basil’ fue la primera gran película de Ron Clements y John Musker. Los tíos se hicieron expertos en meter temas no-tan-de-niños con calzador en películas de Disney. Eso explica, como ya he dicho, que Ariel esté tan buena, que Jasmin se pasee en pseudobikini modelo Agrabah durante casi toda la película, que Megara venda sus encantos al mejor postor y que Hades, Jafar y el propio Ratigan sean unos malos carismáticos. Se pegaron el batacazo con ese cacho estiércol que resultó ser ‘El planeta del tesoro’ y nunca más se les volvió a ver. Dicen que Clements está en su Iowa natal cuidando amapolas y Musker se unió al proyecto Dharma, grabando los vídeos del doctor Marvin Candle (lamentablemente esto no es cierto, en la actualidad están preparando un engendro con John Goodman y Oprah Winfrey como voces principales).

Ojo al dato, que en ‘Basil’, los protagonistas van a un burdel, piden dos cervezas mientras ven a una ratoncita muy sensual haciendo un numerito, y Basil ¡fuma! Eso, a día de hoy, sería absolutamente imposible. En nuestra era de miembros y miembras, los amantes de lo políticamente correcto, la habrían tildado de machista, antisemita, nociva, retrógrada, comunista, anticlerical, masona y hasta afín al PP. Pero su único riesgo era, repito, meter temas de adultos en una película destinada a niños. Algo que se hizo, con más mala leche, en ‘El jorobado de Notre Dame’ (el juez Frollo pensando en Esmeralda frente a la chimenea con lascivia) o en ‘Pocahontas‘, inventora de la minifalda subversiva en las Américas.

Y es que a los que ya hace tiempo que dejamos el colegio, nos cae mejor Ratigan que Basil. Basil es un equivalente supuestamente simpático de Sherlock Holmes, según un relato de Paul Galdone. Cargante, pedante, y ¿graciosete?, enseguida nos identificamos con él porque salva a la niña y de paso a su padre. Lo que tiene con Ratigan es una lucha encarnizada… de ego. Su peor momento no es cuando sabe que va a morir, con una complicadísima maniobra, sino cuando admite que su adversario le ha vencido, le ha identificado a pesar de su disfraz, y todos sus secuaces se ríen de él.

Total, que Ratigan quiere suceder a la reina, para lo cual llevará a la monarca a su gatita amaestrada (que por cierto MUERE en una perrera), y someter al pueblo ratonil a unos impuestos abusivos y una dictadura prácticamente nazi. He puesto en mayúsculas lo de muere, porque es algo que destaca en esta película y a lo que no estábamos acostumbrados en el puritanismo de los dibujos animados. A saber: normalmente, el único que muere es el malo y porque se cae de un precipicio, sin que el bueno sea el que lo mate. O no muere, directamente. Véase la bruja de Blancanieves, Gastón, Madam Mim, Shere Khan, Osama Bin Laden.

Los últimos quince minutos son más entretenidos que casi cualquier cosa que hayan ustedes visto, con una secuencia en el Big Ben que sólo John McLane, Jack Bauer o Indiana Jones podrían haber protagonizado si fuera en carne y hueso. Los engranajes del reloj están hechos con CGI: tenía que decirlo. Y la película termina, claro, con un abrazo de la niñita a Basil, que escapa por un momento de su frialdad habitual.

Por cierto, que el aliado de Basil y Dawson es el perro Toby, el que será luego protagonista de ‘Tod y Toby’, ese particularísimo y aburrido ‘Brokeback Mountain’ à la Disney.

La música de Henry Mancini es la repera, con un tema principal que es conocido más allá de la película.

Y he dedicado unas mil palabras a ‘Basil’. ¿Que quieren verla o revisarla? Pues véanla, tiro la casa por la ventana. Qué quieren que les diga: ‘Bichos’ al lado de ésto me parece un tostón.

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