Abril 29, 2008
Inestabilidad
“Y cuando despertó, la inestabilidad todavía estaba allí”
(en homenaje a Augusto Monterroso)
“Y cuando despertó, la inestabilidad todavía estaba allí”
(en homenaje a Augusto Monterroso)
No sé cual es la clave del éxito, pero la clave del fracaso es intentar agradar a todo el mundo.
Bill Cosby (1937- )
En muchos países del mundo, el 90% de la población de género masculino, cuando era niño, ha soñado con ser futbolista cuando fuera mayor.
La vida, sin embargo, nos ofrece un aforismo irrefutable y traumático: sólo unos pocos convierten ese deseo infantil y ultratópico en una realidad. A día de hoy, muchos añoramos los momentos en los que realmente creíamos en esa posibilidad. Veíamos partidos de fútbol y contemplábamos, en fantasías, nuestro nombre y apellidos en un rótulo, de esos que se acompañan con “Goles en la Liga: X”.
Crecemos, nos damos cuenta de que hay chavales en la clase que juegan a la pelota mejor que nosotros; crecemos, nos damos cuenta de que ni siquiera esos chavales llegarán a ser futbolistas. Seguimos con ese trauma, llegamos al bachillerato, luego a la universidad, o nos ponemos a trabajar. Vivimos con ese trauma,
y alimentamos nuestra sed de fútbol con otras cosas, que no la rellenan pero casi.
Empezamos a saber lo que son los bares, si es que no somos socios del equipo de fútbol al que apoyamos. En los bares nos reunimos todos los hinchas, conscientes de que quizás, a los seis años, deseábamos más que todo, ser uno de los once que ahora juegan en la pantalla. Creíamos realmente que lo conseguiríamos, no atendíamos a nuestros padres y el resto de la gente mayor que se reía cuando les decíamos: “De mayor quiero ser futbolista”.
Hay gente que no soporta el fútbol. Y les admiro. Porque se ahorran mucho sufrimiento, inestabilidad emocional, y pasión en algo que quizás no tiene tanto sentido como creemos normalmente. Esa gente quizás no comprende lo que yo creo que es la esencia de todo. Preguntan: “¿Qué más da que marquen un gol? ¿Esa gente os da de comer acaso? Cobran un pastón y encima les animais”. Quizás les animamos por una razón: porque, nosotros, en otra vida, podríamos haber sido uno de ellos. No tendríamos el trauma que tenemos ahora, y sin duda, querríamos que el resto nos arropase.
Es cierto que sólo se trata de patear una pelota, pero los que hemos vivido ciertas cosas, sabemos lo que realmente ocurre. El querer ser futbolista y los Reyes Magos son los dos primeros grandes palos que nos da la vida a la mayoría, y hay que vivir con ello.

Hace tres meses fue Papel en Blanco mi comienzo en WeblogsSL. Ahora mi nueva andadura es Blog de Cine, hoy por hoy el mejor y más completo blog de cine (valga la redundancia) del territorio español, con permiso de Las Horas Perdidas y alguna más.
Es curioso. He leído Blog de Cine casi desde sus comienzos, venero a sus editores, y ahora estoy codo con codo con ellos. El único adjetivo que se me ocurre para describirme ante esta situación es: abrumado. Abrumado porque cuando deseas tanto algo, el día que lo consigues tu cerebro parece estancarse. Parece que tu cerebro sabe vivir con ese deseo como deseo, pero no como realidad. Y la nueva vida te rige que ese deseo forma parte ya de la cotidianeidad, que debería ir perdiendo la magia ilusoria y onírica de antes.
Hablaré de cine. Y miles de personas me leerán. Por supuesto, no dejaré Papel en Blanco. Podría jactarme e intentar provocar envidia allende los mares. Pero no. Simplemente os expreso mi perplejidad. Cuando consigais cumplir un deseo profundo, no espereis que inmediatamente tengais una sonrisa en la cara. Esperad que vuestro cuerpo sea incapaz de reaccionar. Esperad estar distraídos indefinidamente porque vuestra mente está asimilando la buena nueva.
Yo aún estoy en ello.

Un comentario durante el verano del 97 con mi amiga Mercedes propició una de las creaciones de las que todavía hoy me siento más orgulloso.
Se trataría de una revista que contendría las noticias que nosotros quisiésemos. Tras barajar varios nombres, el nombre definitivo fue Periódico Mensual. Rápidamente recluté a mis mejores amigos de la clase para que contribuyeran al proyecto. Gustavo se encargaría del cine, Jaime de la actualidad, junto a Mercedes, y yo de la maquetación, noticias varias y el diseño.
El primer número salió en octubre de 1997. En ese tiempo, no tenía ordenador, y por supuesto la forma de buscar información era leer en periódicos, revistas, enciclopedias… nunca en Internet. El original se hizo a máquina de escribir, y pegábamos fotos que encontrábamos en las revistas con pegamento. Tenía que tener mucho cuidado en que las páginas saliesen bien a la primera, porque luego las fotos no se podían despegar.
Hicimos unas 30 copias, y pusimos a la venta los ejemplares por 75 pesetas (0,45 céntimos). Lo vendimos a los familiares, compañeros de clase, profesores. Vendimos todas las copias y estuvimos de acuerdo en que sacaríamos otro número.
Lanzamos seis números desde octubre de 1997 hasta junio de 1998. Conseguí patrocinadores entre las empresas de mis tíos, e incluíamos anuncios de una página entera. Con suerte, la máquina de escribir dejó paso al ordenador y el diseño fue mucho más gratificante. Las fotocopias las hacíamos en los respectivos lugares de trabajo de nuestros padres, así que no teníamos que pagar por hacer las copias. Fuimos reclutando a otros de la clase, como Richi, Javi, Manolo y María. Mi tío Francisco también colaboró, aportando curiosidades tipo “se estima que por cada ser humano hay 200.000 hormigas”, bajo el pseudónimo de Arecibo.
De las 16 páginas del primer número, pasamos a las 32 en el sexto, con un staff de 8 personas. Me acuerdo especialmente de que conseguí una entrevista con Alexis Trujillo, en aquel momento jugador del Betis.
Entre los seis números sacamos unas 7.000 pesetas (42 euros), y una tercera parte la destinamos a Manos Unidas.
Mirándolo hoy, quizá pueda parecer una de esas iniciativas que emprendes cuando niño y que sólo sirven para recordarlo y echarse unas risas, pero lo cierto es que, teniendo hoy un blog y llegando a infinitamente más gente que lo que hubiera llegado jamás con el Periódico Mensual, no puedo evitar sonreír al acordarme de todo el empeño que puse. Puedo decir que con 11 años fui director de un periódico, aunque fuera de ámbito ínfimo.
Fue mi primer proyecto en grupo, todos aprendimos muchísimo. Hubieron peleas, dimisiones (en aquel momento lo llamábamos rajadas), discusiones, discrepancias. Pero no cambiaría absolutamente nada. Lo que soy hoy, las ganas que tengo de escribir, de expresarme, mi oficio de blogger profesional, que dura ya casi un año, en buena parte se lo debo al Periódico Mensual. Ojalá algún día ponga en algo el mismo entusiasmo que puse en él.
Esta Semana Santa, hay un compositor, cantante e instrumentista que me está acompañando especialmente mientras me repongo de mi percance.
Se trata de Sufjan Stevens, un cantautor de Detroit, de 32 años de edad, que tiene un talento y una inventiva musical que ciertamente es difícil de encontrar en los tiempos que corren. Lo he descubierto gracias a Nocilla Experience, una novela que he leído ya que en próximas fechas voy a tener el placer de entrevistar a su autor, Agustín Fernández Mallo para Papel en Blanco (aquí mi reseña de Nocilla Experience).
He leído de Stevens que su álbum Illinoise fue considerado uno de los mejores publicados en 2005. No me extraña. Tiene más de 20 pistas, cada una con su identidad y su belleza, y algunas grandiosas. La que más me ha gustado se llama The Predatory Wasp of the Palisades, y es tan sencilla, tan tierna y tan hermosa que seguro que en algún momento que me pille más sensible de la cuenta conseguirá hacerme llorar. Atención a los extraordinarios coros.
The Predatory Wasp of the Palisades, a esto le llamo yo una experiencia musical
He leído también que a Stevens se le suele rechazar entre el gran público por su alto contenido cristiano, presente en las letras y en los temas de sus discos. Canta sobre el cielo, el infierno, temas mitológicos, Dios, el sentido de la vida… con una combinación de instrumentos francamente innovadora y una limpieza sonora envidiable. Su último disco, Seven Swans, no se le queda atrás en cuanto a la calidad de sus canciones, pero prefiero Illinoise, un disco que con tan sólo una semana de escucha ya está entre mis discos de cabecera, y por derecho propio, Sufjan Stevens ya está entre la “Música que me Chifla”.
Otros temas suyos que merecen MUCHO la pena:
John Wayne Gacy, JR. - ESCUCHAR
Chicago - ESCUCHAR
Lord God Bird - ESCUCHAR
Concerning the UFO Sighting Near Highland - ESCUCHAR
Out of Egypt - ESCUCHAR
Put the Lights on the Tree - ESCUCHAR

Luisfer está contento de cómo está saliendo todo. Ha pasado un buen rato entrevistando al famoso novelista Juan Gómez-Jurado para Papel en Blanco, le han dicho que va a trabajar a 9 euros la hora y ha cenado agradablemente con un primo y dos tíos suyos.
Viene la hora de la vuelta al piso, a eso de las once de la noche. Las calles son oscuras e inciertas. Luisfer comienza a atravesar la avenida de la Palmera. Es la primera vez que coge una bicicleta en cuatro años, pero no parece importarle. Creía que tendría miedo, incluso trauma. Sólo alberga un poco de respeto.
Las cosas van bien. Llegará al piso, se duchará, se acostará y planeará todo para Semana Santa.
De repente, un bordillo. Tendría que haber girado hacia la derecha, donde continuaba el carril-bici. Luisfer se ha dado cuenta tarde. La bici se estrella contra el bordillo y su cuerpo es empujado hacia adelante.
Cae.
Lo primero que piensa es que seguramente se ha roto varios dientes, porque no se los siente. Dos chicos le ayudan a levantarse, claramente preocupados. Él es un chulo del tres al cuarto; ella parece muy simpática, y encima, es guapísima.
No para de escupir sangre. En pocos minutos deja la acera perdida. Está a punto de seguir en la bici, pero el brazo le duele y no se atreve. Los chavales llaman a la ambulancia; viene en tres minutos. Deja la bici allí mismo, y se monta en la ambulancia.
En cuestión de hora y media se suceden las observaciones, las preguntas y las radiografías. Finalmente le ponen varios puntos en el labio, y le enyesan el brazo derecho. Vuelve al piso, acompañado por sus compañeros, a la una de la mañana.
Duerme quince horas. Por primera vez se mira al espejo. Su cara muestra tristeza absoluta, casi depresión crónica. No por su mirada, sino por las abundantes heridas repartidas por la nariz, la barbilla, el morro, las mejillas y la boca. Los labios son ahora promientes. Luisfer se mira y piensa en Michael Reiziger. Normalmente le gusta mucho mirarse al espejo. Seguramente es vanidad, aunque él piensa que es consciencia de su atractivo. Ahora lo detesta.
Ahora es torpe, y su dieta se reduce a sopa, caldo, puré, agua, leche, zumo. Todo frío, para que no sangren los labios. Lo que antes era fácil y obvio, de repente se convierte en un reto. Vocaliza a duras penas, y sólo tiene ganas de cerrar los ojos y descansar. Reposar. Reposar.
Por la noche, sus padres vienen a verle. Le traen comida y se preocupan por su situación, pero lo que consiguen es perturbar el sosiego de su adversidad.
La melancolía viene, pero se vuelve a ir. De lo que más orgulloso se siente es del humor con el que se toma sus limitaciones. Al día siguiente, la torpeza parece tornarse en costrumbre. Como si llevara más tiempo así. Lo que más le cuesta asumir es que no puede salir a la calle, ya que las heridas de su cara empeorarían con el sol. Sus compañeros de piso se van, insensibles ante la idea de que se va a llevar diez días sin poder apenas limpiar el piso.
Varios amigos le visitan, y el día transcurre ameno y predecible. Luego pasa dos horas al teléfono para que su hermano arregle el ordenador a una clienta habitual, se entretiene viendo videoclips, y más tarde a Jean Claude Van-Damme y Steven Seagal en plena acción. Intenta recordar que en cuestión de dos semanas estará recuperado y podrá volver a mirarse en el espejo. Pero ahora es complicado visualizarlo todo con claridad. Ahora todo lo que sabe es que tiene un brazo menos, hambre a raudales y hastío omnipresente.
A estas alturas toda España lo sabe, pero me veo obligado a anunciarlo ya que se trata de una noticia: El Chiki-Chiki, por Rodolfo Chikilicuatre, va a representar a España en Eurovision 2008, en Belgrado.
David Fernández, trasunto del Chikilicuatre, es un habitual colaborador de Andreu Buenafuente, verdadero cerebro de este torbellino. Ha sido El Gilipollas, Santi Clima, Zuloaga y un sinfín de personajes esporádicos más. También ha sido jurado en Por fin has Llegado, y en este 2007 se ha consolidado como humorista y cara conocida de la caja tonta.
La elección del Chiki-Chiki ha recibido muchas críticas, que voy a ir explicando, y por eso quiero reivindicar desde aquí las razones que me llevan a pensar que es la mejor decisión que hemos tomado desde la debacle provocada por aquellos que decidieron que Remedios Amaya cantaría ¿Quién maneja mi barca? en 1983.
1. La canción es hilarante a más no poder. Aún no conozco a nadie que no se haya partido de risa al ver el videoclip por primera vez. Las referencias a la actualidad y la política son curiosas y divertidas, aunque hayan tenido que cambiar “Zapatero” y “Rajoy” por “José Luis” y “Mariano”, dadas las normas explícitas del certamen que impiden mezclar la música con la política.
2. David Fernández, en la gala de preselección (de la que también hablaré luego), fue el único que no desafinó. ¿Por qué? Porque el Chiki-Chiki es, ante todo, falta de entonación y falta de sobreesfuerzo a la hora de cantar. Puede cantarla cualquier español de a pie, sin que tenga aptitudes para el canto. Ello hace al Chiki-Chiki más universal y accesible a todo el mundo. En Belgrado, la gente de otros países también se aprenderá la canción, sobretodo por la versatilidad de su ya mítico estribillo.
3. ¿Se han fijado en lo pegadiza que es la canción? En serio, piénsenlo. Si uno se predispone a ello, es muy difícil que el Chiki-Chiki se le quite a uno de la cabeza. Esto está propiciado por la forzadísima pero efectiva rima consonante al final de cada línea, la unicidad de las estrofas, y la repetición del estribillo, con coreografía incluida. Asimismo, la utilización de instrumentos sintéticos (cuasi-MIDI, me atrevería a decir), propicia ese grabado mental permanente, respecto a otros temas más comerciales pero menos simples a la hora de ser memorizados. Para demostrar esto, les sugiero que vean la versión gospel de la canción, que no tiene desperdicio alguno.
4. Porque es anti-sistema. TVE intentó por todos los medios que Chikilicuatre no se proclamara vencedor en favor de una tal Coral (una pseudo-Mónica Naranjo venida a menos) y unos frikis denominados La Casa Azul. Amañó el sistema de votos a última hora, permitió continuos abucheos unidireccionales, permitió que Raffaela Carrá pusiese en entredicho las posibilidades de la canción, y no supo “perder”. Qué gala más patética, por Dios. Basta con ver la reacción de José Luis Uribarri, comentarista de Eurovisión desde antes de que yo naciera. Llevar al Chiki-Chiki a Belgrado es reírse de la música comercial, que tan malos resultados nos han dado últimamente. Y sí, incluyo a los triunfitos.
5. Porque representa el triunfo y consolidación de Internet como medio influyente en las masas españolas, a la hora de tomar decisiones tan democráticas como podrían serlo en otro aspecto de la sociedad. El movimiento que el Chiki-Chiki ha despertado en los blogs, las webs, los foros, Twitter, Menéame ha sido el que ha alzado al juguete de Buenafuente a lo más alto. Primero con la votación preliminar y luego antes y durante la gala de Salvemos Eurovisión.
6. Porque es una parodia insuperable del tipo de música que arrastra a la gente a escuchar Los40 y/o Máxima FM hasta la saciedad. Si no fuera por las continuas referencias geográficas, políticas y sociales de la letra, podríamos imaginarnos perfectamente una canción así. Acuérdense de la mayonesa, la gasolina, King África (al que se le hace un guiño en el Chiki-Chiki con eso de bailar-bailar-bailar) que todo el mundo tarareó cómodamente.
7. Porque era el mejor en una gala patética, con candidatos risibles y algunos igualmente esperpénticos (como La Casa Azul o Lorena C), alejado de caras bonitas y canciones de cartón que parecen predifinidas en un programa de ordenador (Olé Olé de Arkaitz).
8. Porque da igual los puntos que se lleve en Eurovision. El Chiki-Chiki es una canción pensada para reírse del certamen y del circo que es desde hace ya tiempo. Me parece insultante que Anabel Conde, que quedó segunda en Irlanda en 1995, con un gran tema y una extraordinaria voz, para salir luego en el programa Identity como una completa desconocida. No somos los únicos que lo hacemos; en 2003 Alf Poier, de Austria, quedó sexto al iniciar una corriente surrealista y friki de Eurovision. Irlanda va a enviar un pavo-marioneta y he oído que dos o tres países más van a llevar canciones delirantes. Si quedamos los primeros, habremos demostrado que lo friki es más prioritario que la calidad musical; si quedamos últimos, habremos hecho el ridículo pero nos habremos hartado de reír. Nos habremos reído en la cara de los eurofans sea cual sea la posición de España.
9. Porque mucha gente, como yo, va a ser el primer año que vea Eurovision de principio a fin con interés. Reconozco que estos últimos años, con Son de Sol, Las Ketchup o Nash, deseaba que España quedara última para que nos retiráramos del concurso. Buenafuente ha conseguido que, ya que vamos, se despierte una ilusión abstracta que nada tiene que ver con lucirse musicalmente en Eurovision.
10. Porque representa el declive de un certamen pasado de moda, inútil en el aspecto discográfico y comercial, exclusivamente político y harto predecible (Bielorrusia le da los 12 puntos a Rusia; Chipre le da los 12 puntos a Grecia; Dinamarca los 12 a Suecia…).
¡Todos juntos! 1, El Brikindans. 2, El Crusaíto…

Recuerdo perfectamente el día en el que empecé a leer con desenfreno, el día en el que pude decir que la lectura se convirtió no sólo en hábito y afición, sino en una pasión que me atraparía mañanas, tardes, noches enteras. Siempre había sido alguien con mucha inquietud lectora. Para aprender a escribir, primero hay que leer mucho. Sin embargo, la literatura todavía no había entrado a raudales a través de mis ojos. Prefería planear escribir mis propios libros antes que enfrentarme a cientos de ellos ajenos.
En septiembre de 2002, una sucesión de adversidades me llevaron a leer para evadirme. Otros lo hacen con la droga, con el alcohol o con los videojuegos. Yo lo hice con los libros. Decidí que leyendo me olvidaría de ciertas cosas de las que no quería estar acordándome durante todo el día. Decidí que leer me transportaría a otros mundos, probablemente mejores que éste. O al menos más estimulantes. Decidí que, aun con todo, tenía que empezar a leer sin parar si quería que la literatura fuera mi vida. Ya que mi vida, por aquellos momentos, no me gustaba lo suficiente, las de los personajes de los libros que leyese me servirían de referencia.
La decisión fue espontánea. Cogí de la estantería Viaje al Centro de la Tierra, de Julio Verne. Me encerré en el cuarto de mis hermanas durante todo el día. Puse el álbum Discovery, de Mike Oldfield, en la cadena de música porque había decidido que sería la banda sonora del libro. Sólo salí para comer.
Acabé extasiado de aquello. El libro concluyó con The Lake de fondo, y supe que leer era uno de los mayores placeres con los que me había encontrado, y que hasta ese momento no me había dado cuenta al cien por cien.
Esa misma noche, cuando ya todos mis familiares se habían acostado (y seguramente acostado), miré en mi cuarto la colección de ciencia-ficción que mi padre había comprado quince años antes. Resolví que empezaría a leerlo, por el número 1 de la colección: El Fin de la Eternidad, de Isaac Asimov. Lo leí entre esa noche y la mañana siguiente.
Empezó así un huracán de libros, que pasaban por mis ojos dejando cada uno su huella individual e intransferible. No exagero si digo que leí unos 200 libros entre los años 2002 y 2003. Ello ayudó a motivarme como aspirante a escritor, ya que quería ser partícipe de ese placer que da leer, quería formar parte de aquel conjunto de mundos maravilloso que te atrapa y no te suelta hasta comprobar que te ha cambiado la vida.
Tal día como hoy, recuerdo esto porque creo que me encuentro sumido en una especie de crisis de lectura. Parece que no me llama tanto. Desde que estoy emancipado estoy construyendo una biblioteca personal, con libros que voy comprando periódicamente tras elegirlos muy bien. Tengo un piso entero de la estantería con libros que aún no he leído.
¿Qué me ocurre? ¿Ya no lo necesito tanto? ¿Ha perdido para mí la lectura esa magia que me embaucaba, y me tenía delante de un libro hasta hacerme olvidar compromisos y obligaciones?
Ahí están esos libros, los de la imagen, esperando a ser abiertos. Milan Kundera, Haruki Murakami, Hermann Hesse, James Joyce, Ian McEwan… todos están dispuestos a contarme sus historias, escritas con la misma pasión que podría leerlas yo. Me reclaman con paciencia, seguros de que un día tomaré su libro y se darán por satisfechos cuando se aseguren de que ya no soy el mismo de cuando todavía no había leído dicho libro.
Espero que sea una racha. Novelas tan importantes como Kafka en la Orilla o Neuromante terminarán dejándome perplejo en la última página. Tarde o temprano.

Sí, chicos, hoy vamos a hablar de ESTO. Desearía que esta portada fuera un fake, pero es el cartel que todos hemos podido ver en los cines. El de la derecha del perro parece estar diciendo: “Eh, tranquilita, que no quiero rollo”.
Uno de los mejores y mayores entretenimientos que tuve la ocasión de disfrutar el pasado año fueron las famosas Sesiones de Cine Cutre. Hagamos un repasito por lo que ya hemos tenido la suerte de ver. Adjunto los enlaces a mis reseñas de las sesiones, y en cada título de las películas, críticas externas.
6ª Sesión: Venganza Ciega y El Castigador (sesión esporádica)
5ª Sesión: Invasion USA
4ª Sesión: El Día de los Muertos Vivientes 2: Contagium y Zu Warriors
3ª Sesión: El Sonido del Trueno
Habiendo hecho este repaso por el cine estiércol, he de aclarar que la séptima sesión de cine cutre ha estado constituida por una película que ya sabía que caería. Black Sheep. Lo avisé aquí. Y esperé, como esperó Penélope a Ulíses en la Odisea. Esperé porque sabía que habría algún día en el que mis amigos me avisarían para ver a ovejas comiendo carne a mansalva, y un director que encima se lo tomara en serio.

Hola, soy Jonathan King y soy el director y guionista de Black Sheep. Al principio pensábamos llamarla BLACK SHIT (más acorde, sin duda), pero la idea de mierdas que atacan a humanos no era muy comercial. Por cierto, que aprovecho para deciros que lo vais a FLIPAR con mi película.
Revisando las anteriores Sesiones de Cine Cutre, veo apropiado retomar el formato de Eragon, clasificando la cutrez de la película según los apartados técnicos. Empecemos.
Historia/Trama/Argumento/Qué coj… nos están contando: La película va de independiente. Y eso lo aviso desde ya. No sólo porque está producida y rodada en Nueva Zelanda, sino porque tiene como un aura de “eh, oye, esta película no es como las demás. Sí, sí, es alternativa. No te preocupes, chaval, no importa lo que hayas visto antes. Nosotros tenemos guión”. Digo “nosotros” porque queda más cool, pero ya he aclarado que Jonathan King es el único demiurgo de esta bazofia. Todo sale de su mente maravillosa, y no la de John Nash precisamente.
Ya puestos, pongámonos en situación: dos niños, uno adorable (Angus, el menor) y otro aspirante a Hannibal Lecter (Henry, el mayor). Se ve que esta especie de prólogo es absolutamente imprescindible. Total, ya puestos, vamos tirando los primeros diez minutos A LA BASURA. Y todo para explicar que Henry es un cabrito (nunca mejor dicho) y le gusta gastar bromas a su hermano pequeño disfrazado de oveja y asustándolo. Todo esto, ¿PARA QUÉ? Para tener a un protagonista con personalidad. Perfil psicológico. Se ve que Jonathan King fue a un cursillo de esos de desempleados de la Junta de Andalucía para construir personajes con profundidad.
¿Cuál fue su solución? Dotar a Henry de fobia a las ovejas (sic). Al principio pasa por un rebaño inmenso y el tío parece que se ha tomado más pastillas de éxtasis que todas las que se distribuyen en Pachá un viernes por la noche. Descubrimos luego que va a su residencia natal para disputarse con su malévolo hermano las tierras de su difunto padre. Todo esto, con su madre viva, que se ve que no participa en la herencia para relegar su papel secundario. Por cierto, que es clavada a la tía May de Spiderman de Sam Raimi. En formas y en contenido.
A todo esto, que hay dos ¿periodistas? ¿hippies? ¿socios de Greenpeace? ¿chavales de los de Abrazos Gratis? que descubren que el hermano malo está experimentando con las ovejas para convertirlas en Superovejas. Y no las de Worms Armaggeddon. Una se llama Experience (no es coña) y el otro se llama Grant, y se parece a Bilbo Bolsón en cuanto al atuendo. Que, por cierto, no tarda en caer…

El supuesto guión que Jonathan King tenía entre manos, se tiró a un contenedor de reciclado, y con él se hará la edición de mañana del ABC

Sí, lo adivinabais. Lo que quería el gremlin-sheep de antes no era discutir con el tipo sobre el debate ZP-Rajoy, precisamente. La moda de los piercings se cobra sus peores consecuencias.
Total, que se ve a leguas que al hermano malo le sale el tiro por la culata en su experimento, así que el tema de las ovejas se descontrola a ritmo de Hitchcock, con elipsis de cámara y un aura de intriga indignante. El hermano bueno va con su colega del botellón, que se ríe de sus propias gracias y le acompaña a coger una camioneta de los tiempos de Sor Citroën. Y se encuentran a Experience, que a partir de ese momento NO PARA DE HABLAR y ayuda al prota a vencer su miedo a las ovejas, diciéndole: “Tranquilo. Eres un árbol”. Ni Jorge Bucay y Paulo Coelho juntos llegan a tan interesante conclusión. La evolución de Grant/Bilbo Bolsón tras ser mordido se va haciendo notar, vemos que es votante del PSOE porque hace caso a ZP y come conejo (el animal), ya que actúa instintivamente y desarrolla tendencias ovejiles. Consciente del éxito de El Laberinto del Fauno, Jonathan King no podía dejar pasar la oportunidad de hacer un guiño cinematográfico.

Ivana Baquero se moriría por ser la que le meta los dedos. Pero tenía problemas de agenda.
Las ovejas empiezan a tener consciencia de clase y comienzan a organizarse cual guerrilla de las FARC para comerse todo lo que se le pone por delante. Hay un momento en el que el prota y Experience se caen a un pozo para huir de un rebaño y con dos simples velitas asistimos a una reproducción del Viaje al Centro de la Tierra, de Julio Verne. Por supuesto, no están solos, y los balidos no tardan en sonar. Como buenamente pueden, consiguen huir de ellas, y la oveja que les perseguía queda estancada en un agujero. Jonathan King pensaría: ¿qué es lo fácil? Pues sí. Se le prende fuego a la oveja y todo solucionado. Pero, ¿por qué escribir en vano? Recréense.
El malo arde en deseos de dar una coferencia sobre las ovejas que ha creado, y mientras tanto, viene un rebaño y se empieza a ventilar a los asistentes sin pan, sin sal y sin patatas fritas para acompañar. Veamos algunos de los secundarios listos para ser devorados:

Las ovejas, abonando el campo tranquilamente bajo los rayos del sol.
(Juan Ramón Jiménez)

Un gordo se ríe mientras la oveja le cuenta un chiste al oído.
Bueno, el clímax de la película consiste en: a) El prota, Experience y la tía May están encerrados en la casa familiar con millones de ovejas esperándoles; b) El hermano malo empieza a intimar con un corderito recién sacado de un anuncio de Norit; c) El colega del prota se empieza a convertir en oveja, al igual que Bilbo Bolsón; d) Los científicos que trabajan en el experimento van cayendo como chinches, Veamos imágenes que recogen el momento.

Cari, di patata, que esta foto es para mis padres.

“No soy un árbol, soy una oveja” (PALABRAS TEXTUALES)

Tras la rajada de Gallardón, los creadores de Las Noticias del Guiñol se hicieron con un sustituto inmediatamente.
Después se sucede un sinfín de bizarradas más, muchas de las cuales pueden verse en este vídeo, que recoge con un montaje digno de Michael Bay innumerables escenas. El objetivo de los protas está claro: hay que eliminar a las ovejas. Jonathan King pensó: “Qué raro. Una hora de película y aún no he metido una explosión con calzador. Eso lo arreglo YA”. Las ovejas se reúnen, no se sabe por qué, en una especie de cuadra, seguramente en una firma de libros de Harry Potter y las Reliquias de la Muerte. El prota, muy inteligente él, y con la fobia a las ovejas totalmente superada, tira un mechero al meollo del rebaño.
¿Alguna vez, en el colegio, te han contado eso de que si pones el desodorante mientras te pees, produces una llama de gran magnitud? Bueno, pues Jonathan King exprime esta leyenda urbana hasta HACER QUE LA CUADRA ENTERA EXPLOTE.
El final es abierto a una continuación. ESTO ES LO MEJOR DE TODO. Con los créditos finales ya iniciados, podemos ver una escena a modo de epílogo, donde el perro del prota, que no ha pintado nada en toda la película, sale sereno en medio del campo y ¡bala! Seguramente Jonathan King dijo: “Qué maravilla. Dentro de dos años sacaré BLACK DOG SHEEP, y la gente sabrá que es la secuela. Si mi madre me viera…”.
Sí, todos esperábamos que explotara la camioneta. Y yo que tardé un año en sacarme el carnet…
Dirección y Diseño de Producción: Tengo que admitirlo. Hay dinero en Black Sheep. Los efectos especiales, por llamarlos de alguna manera, consisten en transformaciones fortuitas de hombre a oveja, en especial una en la que el colega del prota pasa de hombre a zombi a oveja a hombre a oveja a zombi a hombre a oveja en cuestión de segundos, que se cura con un brebaje que nadie sabe muy bien para qué sirve.
La escena de la conferencia, que se supone que va a ser multitudinaria pero a la que sólo asisten Manolo y Pepe para ser devorados inmediatamente, es la más mareante que he visto desde el señor Michael Oblowitz. Frenético, oigan. ¿Qué hace Bruckheimer que no se fija en este hombre? Igualmente, la explosión final, por inverosímil que parezca, ya deja entrever que la película no se hizo con dos duros aunque las ovejas parezcan salidas de Toys ‘R Us.
Como curiosidad, según boxofficemojo.com sabemos que Black Sheep ha recaudado más de 4 millones de dólares, lo cual compensa con seguridad los gastos de producción.
Actuaciones: Bueno, como ya hemos visto, está el prota, el malo, el colega, Experience, Bilbo y la tía May. Veamos una imagen en la cual el prota y Experience hacen su mayor alarde de expresividad:

Esta es la cara que se les quedó después de visionar su película.

¿Cómorrrl? ¿Que Uwe Boll va a adaptar Sonic the Hedgehog? ¿Con Christian Slater haciendo de Knuckles??????
Mencionemos ahora a una especie de femme-fatale que campa a sus anchas por el metraje, con una solvencia que deja tirados a todos los demás, juntos. Literalmente se come la pantalla. Es el Jack Nicholson de esta película. Es la líder de los científicos que experimentan con las ovejas. No se sabe si está de parte de los buenos o del malo, pero francamente, tampoco importa. Tarda en palmar dentro de lo esperable y en los planos que el tito King le dedica, tiene de sobra para poner un par de caretos para que todos sepamos lo fría e implacable que es. Ríete tú de Demi Moore en La Teniente O’Neill.

Juanca, por mucho que lo intento, me temo que Felipín no te va a dar nietos varones.
Por lo demás, entenderán ustedes que las actuaciones no merecen más líneas; se ven totalmente eclipsadas por lo absurdo del conjunto. ¿Puede uno acaso prestar atención a las actuaciones de los colegas de Jonathan King mientras dos ovejas pugnan por los intestinos de un chino?

Frases/escenas antológicas: HAY una escena de sexo en Black Sheep. Y si vuestras mentes son lo suficientemente retorcidas, ya habreis adivinado por dónde van los tiros. El hermano malo, que está infectado y se convierte progresivamente en oveja, coge a la superoveja blanca de la que se encapricha, y se encierra con ella en un cuarto. Hay una elipsis narrativa, y entra el prota, y ve al malo sin pantalones, mirando por la ventana en plan melancólico, y fumando un cigarrito tranquilamente.
Prota: “¿Qué has hecho aquí?”
Malo: “(expulsa humo) No lo entenderías” (Jonathan King, te mereces el Oscar)
Vamos, que hay una zoofilia insinuada BRUTAL. Además, se alude a razones genéticas o no sé qué historias. Puro rigor científico. Es de sabido que las ovejas DETECTAN a los infectados y no les hacen daño, mientras que cuando uno se cura las ovejas van a por ti y no acaban contigo hasta que eres un charco de sangre.

La última campaña publicitaria del Ketchup Prima ha hecho mella también entre las ovejas.
Vamos ahora con unas instantáneas de la película, que ya que me he partido los sesos para encontrarlas, no puedo dejarlas en el archivo:

Ya tenemos nuevo personaje para Street Fighter IV: Lanief, La Oveja Rusa.

Imagina que, en medio de la noche, te levantas a beber agua y te encuentras con esto. ¡Qué miedo!

Hellboy está cabreado por haberse teñido de blanco.
Como material adicional, y para los que sepan inglés, adjunto una entrevista a Jonathan King en la que parece tomarse en serio su película, y afirma que, junto con El Piano y El Señor de los Anillos, Black Sheep es la mejor película rodada en Nueva Zelanda. Subraya además que ha inventado el género de la comedia de horror de bajo presupuesto… en fin, muy orgulloso él. Nosotros también.
Como conclusión, junto con Eragon y El Extranjero, ha sido la sesión en la que más me he reído y divertido. Pelea con Invasión USA, pero seguramente en el podio. Atentos a la próxima, que será Karate a Muerte en Torremolinos, que también promete lo suyo.
PD: Y no me canso de decirlo. Jonathan King, Jonathan King, Jonathan King, Jonathan King, Jonathan King, Jonathan King.
PD2: No puedo sino dar las gracias a Artemis por su impagable colaboración en este post.

Escribo mientras veo el segundo y último debate entre Rajoy y Zapatero antes de las Elecciones Generales. Estoy indignado por lo decepcionante que me está pareciendo el debate por parte del presidente del Gobierno y el candidato de la oposición. En ningún momento contemplo la España de 2008-2012. Sigo viendo onces de marzo, guerras de Irak, subidas de precios de la patata y la leche, Bush, de Juana Chaos… pasado, pasado y pasado. Reproches por siempre jamás, gráficas que no le importan a nadie, y promesas que se esfuman en cuanto son pronunciadas.
Pero de lo que quería hablar no era de esto, ya que en definitiva era algo que ya me esperaba desde un igualmente deprimente primer debate. De lo que quiero hablar es de que no voy a votar ni en las Elecciones Generales ni en las Elecciones Autonómicas de Andalucía. Y no porque no quiera.
Cuento la historia desde el principio: a principios de febrero decido que voy a estar en Italia desde el 4 de marzo hasta el 11 de marzo, con el billete de avión comprado.
Días después me doy cuenta de que el 9 de marzo puedo contribuir a decidir el futuro de mi comunidad y de mi país, y que desde Italia es imposible.
Bien, la única solución es votar por correo. No tengo ni idea de cómo hacerlo, así que pregunto a mis padres y a Google y entre todos me responden satisfactoriamente.
Me entero que el plazo termina el 29 de febrero. Como no soy persona de dejar las cosas para el último día (al menos este tipo de cosas), a mediados de febrero (a la semana siguiente de comprar el billete) me dirijo a la oficina de Correos sita en la Avenida de la Constitución.
Relleno allí un impreso y un documento certificado. Pregunto cuánto tardará en llegarme la carta con las papeletas, para poder votar. Me dicen que suele tardar poco, a veces unos 2 o 3 días.
Quiero dejar claro que aún hoy no sabría a quién votar. Creo en ese concepto del voto útil pero el bipartidismo actual de España me parece deplorable. Ello me ha hecho tener curiosidad por partidos políticos como UPyD y SAIn.
Bien, hoy 3 de marzo, a las 23.00 horas, no me ha llegado ninguna carta. Ninguna carta. Y he mirado el buzón todos los días, tanto en mi piso como emancipado como en mi domicilio familiar. Nada de nada. Es decir, que si mañana me fuera a Italia (cosa que finalmente no ocurrirá porque el viaje se ha frustrado), no votaría.
Ello es consecuencia de que, una vez que se tramita el voto por correo, es incompatible con el voto presencial. Así que, a pesar de que no voy a Italia, no puedo acudir a la mesa electoral que me corresponde en el colegio público de mi barrio. Nota: la carta del censo electoral sí me ha llegado, además hace dos semanas.
Podría pensar que aún puedo hacerlo, pero el plazo se va a acortando y ya estoy resignado a que mi voto no va a contar para la España y la Andalucía de 2008-2012. No sé a qué ni a quién puedo recurrir, pero para una vez que estoy especialmente interesado en votar, parece que el Estado no me permite hacerlo.
Seguiré viendo el debate entre Rajoy y Zapatero, que al terminar de escribir esta entrada, siguen hablando de las mismas tonterías e interrumpiéndose con alevosía. Los dos me aburren soberanamente, pero no puedo sino recrearme en mi hastío por no poder votar por cuestiones seguramente burocráticas. Da asco, la verdad.