
Del piso a la facultad hay unos diez minutos andando. Así que cada día, ida y vuelta, son poco más de veinte minutos los que recorro siempre el mismo camino. Hay veces en las que voy y vengo de la facultad dos veces (o incluso tres), así que puede decirse que puedo estar tranquilo de que ando con regularidad, y me siento en forma por ello, la verdad.
Antes de salir del piso, me pongo los auriculares del MP3, dispuesto a caminar al son de la música. No es que me los ponga para aislarme, sino para convencerme cada día de la belleza del mundo a través de la música. Con una canción de fondo, todo cobra armonía y la calle se convierte en una orquesta de personas dirigiéndose a un sitio o a otro.
Vivo frente a un hospital, así que el flujo de transeúntes que inunda el barrio roza lo agobiante. Prisa. Mucha prisa. Y me doy cuenta de que todo el mundo cumple con sus obligaciones diarias. ¿Por qué voy yo a ser menos? Veo el semáforo en verde para los peatones desde lo lejos. Corro porque sé que si se pone en rojo, esperaré a que se vuelva a poner en verde durante al menos un minuto, y he de optimizar el tiempo.
Más tarde llego al Gran Paso de Cebra que atraviesa la avenida de la Palmera, que cuenta con tres carriles en cada sentido. En él veo pasar centenares de coches en apenas unos instantes, y me siento parte del mundo más que nunca. Tantos coches. ¿Adónde irán? ¿De dónde vendrán? Sus conductores, ¿tendrán las mismas inquietudes que yo? ¿Darán vueltas a la almohada por las noches cuando no terminan de comprender el sentido de su vida? El semáforo se pone en verde y me hace gracia contemplar cómo los coches, antes presos de una velocidad desorbitada, aceptan las normas viales y se paran para que los mismos universitarios de siempre podamos pasar tranquilamente, abrumados por la longitud del Gran Paso de Cebra.
Ahora la calle se torna solitaria. Ya no es el ir y venir de la muchedumbre frente al hospital. Ahora la calle Marqués Luca de Tena se ha convertido en una apacible urbanización de casitas con árboles, donde un hombre maduro puede hacer footing sin sentirse presionado. Podríamos decir que este es el Marqués Luca de Tena rural, mientras que el otro era el urbano.
Paso al lado de una verdadera mansión, en la que el vallado permite ver desde fuera cómo es la casa por dentro. Desde que hago este camino, la obra se mantiene firme pero con un ritmo sosegado. Al parecer, están construyendo una piscina para el jardín y remodelando el porche entero. Miro a los albañiles. A veces se apoyan contra el vallado para observar niñas guapas. Otras comen un bocadillo. El resto de las ocasiones se enfrentan al sol para demostrarme que la obra continúa, y que algun día, cuando pase por allí, todo habrá terminado. Luego pienso en mi padre, que tiene en su haber cientos de obras como ésta, y gracias a ella ha mantenido esplendorosamente una familia con cinco hijos. Luego pienso en mi madre. Pienso en el día en el que se curará, y me pongo triste.
La calle Marqués Luca de Tena da paso a la avenida Reina Mercedes. Vuelven los coches, los pitos, las personas, los quioscos de prensa, los pasos de cebra, los edificios, las personas, el ruido, las tiendas, la sombra de los edificios, las personas. Y me queda poco para llegar a la biblioteca o a clase. Entonces me doy cuenta de que el camino tenía un medio, que no era un fin en sí mismo, aunque lo parezca. Es un camino a clase, o de vuelta al piso en el caso inverso. Pero no sólo eso. Es un camino hacia mí mismo. La música del MP3 es mi banda sonora, y lo sabe, y las personas que se cruzan conmigo también lo saben, porque parecen actuar a coreografía respecto a la música.
Siempre es el mismo camino. Y no me aburre. Cada día hay un detalle nuevo, no sólo del trayecto en sí, sino de mi propia vida.

4 comentarios
Mayo 14, 2008 a las 10:30 am
!Qué cosa más bonita! Ver el mundo a traves de tus ojos. Yo también me he sentido muchas veces así… Otras es como si me engulliese mi propio camino, como una inercia, que tenga ganas o no, debo recorrer. Sentirse dueño de su vida y al vez ver que todo se mueve por unas leyes superiores; el misterio de la existencia…
Algún dia serás un escritor famoso, porque es exquisito leerte.
Mayo 14, 2008 a las 3:42 pm
Los coches no sé, pero algunas de las bicicletas que van de una punta a otra de la Palmera somos estudiantes de Ciencias del Deporte yendo o volviendo de nuestro destierro XD
La verdad que yo cada mañana de este cuatrimestre pedaleo 20 minutos para ir y 30 para volver (vuelvo tranquila, pasando) y muchas veces al salir por la puerta de casa y enchufarme el mp3 pienso que es aburrido el camino que me espera, pero siempre acaba siendo entretenido eso que tú haces, ir observando el mundo. Aunque yo lo hago más superficialmente, pero igualmente me entretengo.
Mayo 15, 2008 a las 11:37 am
Pues me has traido con este pasaje muchos recuerdos de mi vida de estudiante, la verdad. Mi camino, bien distinto, desde el piso (nunca mi casa… siempre fue “el piso de Triana”) a la facultad de Derecho, 20 minutos….puente de San Telmo, Pages del Corro, Manuel Arellano, Santa Ana… y vuelta a empezar… siempre con mi pequeña radio (no existia aún mp3) mis botines calzados. Me gusta recordar lo que ha sido gran parte de mi vida… o pequeña, solo depende de los años que viva ¿no?
Por cierto, vamos a Villalba desde el 25 de junio al 9 de julio. Nos gustaria verte ¿será posible?
Un beso fuerte de tu tía.
Enero 11, 2009 a las 10:24 pm
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