El pasado día 5 de agosto salió una antología de relatos titulada ‘Para mí tu carne’. Está editada por editorial 23 Escalones, y es de temática zombi. Participo en este libro con un relato titulado Vainilla. Esto viene a colación de un pequeño elemento que hay en mi relato (aunque si piensan que he aprovechado para promocionar el libro, que a propósito puede comprarse aquí, están en lo cierto): se trata de este fragmento,
Estamos unas diez personas en la habitación. Algunos llegaron ayer, Joan y yo estamos aquí encerrados desde el mismo martes en el que comenzó el Segundo Calendario.
Todos los que han leído el relato, desde que lo escribiera en julio del año pasado, me han preguntado qué significa eso del Segundo Calendario: si es metáfora de algo, si representa un detalle que se les ha escapado, si tiene alguna intención oculta…
Me recuerda esto a la ya clásica película noventera Demolition Man (1993, Marco Brambilla), que en medio de su estética futurista y mezcla de acción y comedia a lo Aldous Huxley tiene su mayor secreto en una chorrada: en lugar del papel higiénico tras satisfacer las necesidades fisiológicas, hay tres conchas cuya función es desconocida para el agente Spartan, que ha sido congelado durante 40 años y es ahora un turista del futuro.
Las tres conchas han pasado a formar parte de la cultura popular. Por la red podemos encontrar incluso teorías de su posible uso (que no mencionaremos por ser demasiado escatológicas). ¿Cuál es el sentido de las tres conchas? No lo averiguaremos porque, sencillamente, este no existe. Es un chiste insertado en la película. Ni siquiera los guionistas lo saben, y si lo saben, disfrutan del legado de este misterio.
James Joyce dijo: “Escribí Ulíses para mantener ocupados a los críticos durante doscientos años pensando en qué quise decir”. De la misma manera Stanley Kubrick los ha mantenido ocupados con el último plano de La naranja mecánica (donde un conjunto de burgueses ovacionan una violación) o con la totalidad de El resplandor o 2001: odisea en el espacio, desde los simios y el monolito hasta el feto sideral del último minuto. ¿Cometió Patrick Bateman los asesinatos y las barbaridades que narra en American Psycho, la novela de Bret Easton Ellis? ¿Era Rick Deckard un replicante en Blade Runner? ¿Qué era real y qué era ficticio en Mulholland Drive? ¿Qué era soñado en Inception?
La habilidad por intentar comprender el ansia del consumidor cultural de obtener respuestas fue muy bien traída en la serie Lost, que escondía un mensaje espiritual en una amalgama de preguntas sin responder, cada vez más complejas, cada vez más ininteligibles.
El Segundo Calendario, en mi relato, no significa nada, de la misma manera que no es posible hallar el modo de uso de las tres conchas. Mi novela Integridad, que se publicará (espero) estas Navidades, tiene muchos detalles de este estilo. Y debo reconocer que me gustará comprobar que muchos lectores buscarán la lógica y respuestas en frases en las que ni yo he reparado.


En todo caso, indicar que el Segundo Calendario no significa nada, es una trampa puesta aquí a propósito por el autor. Para aquellos que se han zambullido miles de veces en los mundos tenebrosos y post apocalípticos del Séptimo Ciclo (nuestra era actual), la ocurrencia del Segundo Calendario hace referencias a la mitología anuit maya de Zetobulonquetzal, donde el chamán Krosopastales dejó su legado en ocho cuartillas de seis versos cada una, que se autorreferencian en los murales petroglíficos de la Casa de Zeptapilocotes recientemente descubiertos en los emplazamientos arqueológicos N-375 y P-401 en Guatemala. Los arqueólogos mormones que están intentando (sin éxito, claro) demostrar que el Jesús de sus escrituras apócrifas después de su pasión en Jerusalén vino a las Américas a apostolar amerindios, han querido ver en el evento descrito como Segundo Calendario una especie de apocalípsis que sufrirían los habitantes póstumos de estas tierras, antes de la develación del dios guerrero y vengador que los mormones creen es Morón. De allí el fino chiste del autor del libro, indicando que el “martes en que comenzó el Segundo Calendario” no significa nada. Afortunadamente, algunos sí sabemos que algo significa, aunque no lo mismo que el autor.
Si el señor McGuffin levantara la cabeza…